Madre sólo hay una

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Del 1 al 10En Mi mamá me mima, hablé de ese lado oscuro y regañón que tienen todas las mamás. Pero como seguimos en el Mes de las madres (antes era sólo El Día de la Madre) decidí seguir con este tema y hablar ahora de esas cositas que las hacen única.

1. Cada vez que ocurre algo trágico en la ciudad, en el país, en el continente o en cualquier región del mundo, por muy remota que esté, su mamá le va a decir “Hoy mejor no salgas, mijito”. Si todavía viviera con mis papás en Barranquilla, estoy seguro que de haber planeado una salida al mar después del Tsunami en Japón mi mamá me habría dicho que lo dejara para después, aun cuando ocurrió en el océano opuesto.

2. Si uno se llega a enfermar entre los 0 y los 5 años, las mamás va a salir corriendo como locas al hospital, aun si se trata de una picadura de mosquito (“… es que uno nunca sabe… un dengue o algo”). Pero después de 5 años de ires y venires por todas las salas de urgencia de la ciudad, creo que ya empiezan a sentirse cansadas y prefieren probar primero con cuanto remedio casero se les ocurre.  ¿O a quién de ustedes su mamá no les dio Coca Cola o jugo California cuando les daba fiebre o malestar estomacal?

3. Imagínese que usted está en un evento lleno de gente (en este caso: 1000 estudiantes, acompañados de sus padres, hermanos y hermanas y otros invitados) y de pronto la música para y se escucha por altoparlantes: “El niño Ramiro Venegas por favor acérquese a prefectura. Su mamá lo está buscando”. Sólo ellas nos pueden avergonzar de esa forma tan única.

4. Son obsesionadas guardando cualquier cosa, desde bolsas, adornitos, estuches, revistas, botones que se han caído de camisas, en fin, porque “Uno nunca sabe cuándo vaya a necesitar eso”. Hace un par de meses estuve en Barranquilla visitando a mis papás (en realidad fui al Carnaval, pero me tocaba decirles eso para que me recibieran en el apartamento) y recibí una lección de esas que sólo ellas nos pueden dar: uno de esos estuchitos inútiles (de pastillas, en este caso) prácticamente me salvó la vida.  “Para que veas que sí vale la pena tener de todo guardado”.

5. Mamá y ama de casa colombiana que se respete ha usado, al menos temporalmente, las vajillas y vasos de Coca Cola o, peor, reutilizado los vasos de mermelada. Hasta que uno crece y les prohíbe seguir coleccionándolos (o por lo menos no las deja usarlos cuando van los amigos de uno de visita).

6. Siguiendo con las mamás que también son amas de casa, ellas adoran cocinar (uyy si, más bien eso cree uno) y aunque les encanta que las inviten a comer a restaurantes porque es una oportunidad para descansar de la rutina, les es imposible evitar pensar, en cuanto ven los precios de los platos, cosas como “uyy, pero si la libra de carne el señor Augusto me la deja en $4.500 pesos, con lo que cuesta aquí hago almuerzo para todos”.

7.  Este punto es un servicio social que espero que todos ustedes divulguen a sus mamás, tías, abuelas: cuando vayan a usar el ascensor, el botón con la flechita hacia abajo es para indicar que van a un piso inferior y el botón con la flechita hacia arriba es para indicar que van a uno superior. ¡No más señoras presionando la flecha hacia abajo porque el ascensor está arriba y necesitan que baje!

8. ¿Qué pasa cuando una mamá incursiona en el mundo de Internet y el Facebook? Para ellas es como participar entrar en la Dimensión Desconocida: se sienten absolutamente perdidas (pero es comprensible porque en su época no había nada equivalente). Hay mamás que no usan el botón de “Me gusta” sino que literalmente escriben “me gusta” en los comentarios” y, por supuesto, no pueden dejar de hacer un regaño público semanal en el muro de los hijos, los ahijados o los sobrinos o, peor aún, elogios como “Mi muñeco hermoso. Te mando un beso enorme”; a mi edad esto no es tan traumático y uno ya está blindado gracias al montón de veces que la novia ha hecho lo mismo, pero para los adolescentes representa una montada fija en el colegio.

9. Son mañosas cuando se trata de comprar. No sólo comparan precios de mínimo 5 sitios antes de decidirse sino que cada cosa la compran en un lugar diferente. Mi abuelita, por ejemplo, hace una parte del mercado en Éxito  del norte de Barranquilla (gas hacerlo en el del sur), el pan sólo puede ser de Pomona, las verduras de Carulla, el champú de Carrefour, el arroz de un granero de su entera confianza y así sucesivamente. ¿Quién paga los platos rotos? El pobre de mi abuelito que se demora haciendo mercado una semana yendo de aquí para allá.

10. Siempre nos verán como “sus hijitos” así ya tengamos la voz gruesa, barba o vivamos solos. Mi mamá es una llorona y sentimental a morir hasta el punto de que a pesar de que han pasado 12 años desde que yo me fui de la casa, cada vez que voy a Barranquilla, insiste en acompañarme al aeropuerto y cuando voy a entrar a la sala de espera se pega su lloradita o se le ponen lloroso los  ojos.

Definitivamente madre sólo hay una. Puede que estas y otras manías las compartan la mayoría de ellas, pero cada una es única. La mamá de cada uno siempre va a ser la más linda, la más cariñosa, la más regañona, la más complicada, la que mejor cocina. No me queda más que felicitarlas nuevamente en su mes y darles gracias por ser tan únicas. Un besito para mi mamá.

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Efraín Villanueva

Escritor y Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central de Bogotá, donde además fue finalista del Concurso "Narrativas y Creación". Ha participado en el Laboratorio de Creación Literaria de la Fundación Fahrenheit (2012) y en el Taller de Escritura Creativa del Colegio Gimnasio Moderno (2012). Se desempeña también como bloguero oficial del periódico El Heraldo de Barranquilla. Ha dictado cursos de Escritura Creativa en el Centro Artístico Compaz (2012) y de Cuento en Librería Casa Tomada (2013, 2014).

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