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No, no tenemos una sección de deportes, sólo de fútbol. Y es que es el deporte que (a pesar de que nuestro país no ha asistido a los últimos tres mundiales) realmente nos mueve y nos apasiona. Aquí hablaremos de fútbol sin análisis exhaustivos, sin palabras encontradas en recovecos del diccionario (o, peor, que ni siquiera existen) y sin tableros acrílicos. Nos limitaremos a escribir artículos desde el punto de vista del aficionado, ese que siempre sabe a quién debe sacar el técnico para ganar el partido, el que sufre con las derrotas de su equipo y se emborracha para celebrar las victorias. Puede suscribirse a los artículos de esta columna en este link
Columnista: Franklin Villanueva

La importancia de la continuidad

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No fue ninguna sorpresa que el equipo Barcelona se coronara campeón de la Champions League, así como tampoco lo fue de la forma en que  lo hizo y el derroche de fútbol derramado en la cancha del mítico estadio de Wimbledon. Hay que analizar fríamente el porqué de tanta belleza y, sin saber mucho del gran deporte de las multitudes, encontramos que la repuesta no hay que buscarla entre fórmulas ni como el más escondido de los tesoros. No, no hay secretos. Sólo podemos concluir una sola palabra clave: “continuidad”. Sí, es eso lo más importante junto a otros factores que se van uniendo a eso mismo, la continuidad de los jugadores, la continuidad del técnico, la formación, la fundamentación y la escuela.

Lionel Messi juega junto a sus hermanitos de equipo, a los que conoce casi que de nacimiento y se convierte en el director de una sinfónica que deleita con valses a todo el que cae en la tentación de disfrutar del concierto de buen fútbol. Muy diferente al Messi que vimos en el mundial: con jugadores extraños para él y con un técnico de pacotilla, más mediático que con criterios para dirigir un seleccionado con tantas estrellas.

Hay que mirar las escuelas del Barcelona F.C., donde toman a niños y niñas desde los seis años, dándoles una formación no solo futbolística sino una formación basada en el concepto de transmitir valores fundamentales del ser humano, tales como la tolerancia, el respeto, la solidaridad, el compañerismo, el civismo, la integración, etc. Es aquí donde está la esencia del equipo y la fundamentación de sus integrantes donde “trabajar en equipo” es redundante si a la larga para formar un equipo no tiene lógica trabajar individualmente.

En colombia, distamos mucho de esa filosofía del equipo catalán. Si no, veamos qué pasa con las divisiones inferiores de los equipos nacionales. Tal vez  la excepción sea el Deportivo cali, el cual cuenta con una escuela fundamentada. Pero si vamos a las estadísticas de cuántos niños llegan a ser futbolistas profesionales, nos estrellaremos con una cifra irrisoria.

Si nos vamos a la continuidad de los técnicos, caeremos hacía atrás como Condorito, pues semestralmente en nuestro país por lo menos la mitad de los equipos cambia de técnico y ni que hablar de los records de duración de los entrenadores. No es sino que pierdan tres partidos seguidos y enseguida que le va rondando la huesuda y el gallinazo que se la va montando en el hombro sin ningún tipo de contemplación ni caridad. Solo por dar un ejemplo, uno de los más encopetados equipos de Colombia, el Atlético Junior, ha tenido cinco directores técnicos en los últimos cuatro años y el no menos encopetado Millonarios en el mismo período, ha tenido siete. Hagámonos la pregunta ¿cuándo un entrenador va  a tener tiempo suficiente para conocer su “equipo” si no dura más de seis meses (en promedio)  dirigiendo?

Resulta que el señor Pep Guardiola llegó al Barcelona a los 13 años, partiendo de sus divisiones menores, pasando como jugador de las diferentes categorías hasta la profesional y llegando a ser entrenador, manteniéndose en el cargo durante cuatro años hasta ahora. Si miramos en Colombia, equipo por equipo, nos encontraremos que en el Santafé hay si acaso cinco rolos, en el DIM de pronto seis antioqueños, en el Junior si acaso cinco costeños. Y no estamos mirándolo en el sentido de regionalismo sino buscando cuántos jugadores vienen de la misma “cantera” o han tenido la oportunidad en los equipos de su propio terruño para salir triunfantes. Mientras tanto, los flamantes directivos del fútbol colombiano se la pasan paseándose por el mundo,  con el dinero que los pobres pendejos aficionados vamos dejando en las taquillas, bebiendo whisky con sus compinches nacionales e internacionales y jactándose de dirigir seleccionados con “fundamentación”: ¡Qué tristeza!


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Nacido y criado en Barranquilla, Ingeniero electricista especializado en instalaciones para áreas clasificadas (industriales y petroquímicas), genéticamente poeta, escritor, parrandero y bohemio. Puede seguirlo en Twitter @Franvimar o suscribirse a sus artículos a través de RSS