¿Existe la buena suerte?

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Ciencia para todosEl tocar madera para evitar que nos ocurra algo tiene sus orígenes en rituales paganos diseñados para solicitar la ayuda de los dioses de los árboles; el número 13 es de mala suerte porque es el número de gente que se encontraba en La Última Cena; cuando una escalera esta inclinada sobre una pared forma un triángulo natural que solía ser visto como un símbolo de la Trinidad, por lo que pasar por debajo de ella rompería la trinidad y traería mala suerte; si derrama sal, no olvide recoger un poco y echarla sobre su hombro izquierdo para espantar al diablo que está detrás de usted. Estas son sólo algunas de las supersticiones en las que la gente sigue creyendo, aun en estos tiempos modernos.

¿Pero por qué persisten? Wiseman cree que las supersticiones “representan los intentos de la gente para controlar y mejorar estos factores elusivos [aquellos que llevan a gozar de buenas cosas]… las supersticiones se crearon y han sobrevivido porque prometen el más elusivo de todos los santos griales: una forma de mejorar la buena fortuna”. Uno de sus experimentos para comprobar que las supersticiones no funcionan consistió en tomar un grupo de voluntarios y hacerlos un usar un amuleto de la buena suerte durante unas cuantas semanas: en promedio, ningún participante manifestó haber sentido ninguna mejoría en el nivel de satisfacción, felicidad o suerte y hubo unos quienes, incluso, sintieron que el amuleto les trajo más mala suerte que buena.

Pero para realizar un estudio mucho más científico, Wiseman buscó gente que se sintiera “muy de buenas” y otras “muy de malas”, logrando reunir 400 voluntarios (entre hombres y mujeres), de todas las edades (desde los 18 hasta los 84) y de diversidad de profesiones (comerciantes, obreros, amas de casa, profesores, doctores, vendedores, secretarias). A estos se les aplicaron pruebas de personalidad e inteligencia, participaron en diversos experimentos y se les pidió llevar un diario. Los resultados lo han llevado a plantear que la suerte no es una habilidad mágica o el resultado del azar. Tampoco es que la gente nazca siendo de buenas o de malas. Por el contrario, aunque la gente no tiene una visión de las causas reales de su buena o mala suerte, sus pensamientos y comportamiento son responsables por mayor parte de su fortuna. En general, existen cuatro principios, dice Wiseman, que llevan a que la gente “de buenas” cree su propia buena fortuna: 1) tienen la habilidad de crear y descubrir oportunidades, 2) toman decisiones “de suerte” siguiendo su intuición, 3) mantienen expectativas positivas y 4) adoptan una actitud resistente frente a los desafíos que convierte “la mala suerte” en buena.

Cuando leí esto me sonó a eso de “actitud positiva trae energía positiva” que, para mí, entra en un plano metafísico junto a cosas como el karma. Pero Wiseman aclara que se trata de que se ha comprobado, a través de pruebas de personalidad, que la gente “de malas” es mucho más tensa y ansiosa que los “de buenas” y la ansiedad afecta la habilidad de la gente a notar lo inesperado: “la gente de malas pierde oportunidades porque están muy enfocados en ver algo más. Van a fiestas intentando buscar pareja y se pierden la oportunidad de hacer amigos. Ven los periódicos determinados a encontrar ciertos tipos de trabajos y se pierden de otros. La gente de buenas es más relajada y abierta por lo que ven lo que hay en vez de sólo lo que están buscando”. Para ilustrar lo anterior, uno de los experimentos consistió en pedirles que contaran el número de fotos en un periódico. Los que se consideraban a sí mismos como “de buenas” descubrieron que en la segunda página había un letrero (cuyo tamaño era la mitad de la página y con un tipo de letra de 6 centímetros de alto) que decía “DEJE DE CONTAR. HAY 43 FOTOS”; los que se consideraban a sí mismos “de malas” no lo vieron. Ni siquiera cuando se repitió el experimento con un nuevo mensaje “DEJE DE CONTAR. DÍGALE AL EXPERIMENTADOR QUE ENCONTRÓ ESTE AVISO Y GANE 250 DOLARES”, los “de malas” se dieron cuenta.

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Por otro lado, se destaca la actitud y el comportamiento de los “de buenas”. Uno de los participantes se dio cuenta que cada vez que iba a una fiesta solía hablar con el mismo tipo de gente. Para cambiar esto, piensa en un color antes de la fiesta y sólo habla con la gente vestida con ese color: a veces le ha tocado hablar con sólo tipos vestidos de negros, pero en otras ocasiones ha tenido la fortuna de hablar sólo con mujeres en corticos vestidos rojos. Hacer siempre lo mismo (hablar con la misma gente de la misma forma, tomar siempre la misma ruta hacia el trabajo, ir siempre al mismo sitio en vacaciones) no introducirá ningún tipo de nuevas oportunidades en su vida.

También está el punto de cómo tratar con la “mala suerte”. A los voluntarios se les planteó el siguiente escenario: estando en un banco, llega un atracador, éste hace un disparo y le da en el brazo. Los “de mala” dijeron que efectivamente era su mala suerte haciendo de las suyas, mientras que los “de buenas” manifestaron que se trataba de buena suerte porque el disparo pudo haberles dado en la cabeza y que podrían obtener ganancias vendiendo la historia a alguna revista. “La gente de buena suerte”, dice el estudio, “tiende a imaginar espontáneamente cómo la mala suerte con la que se encuentran pudo haber sido peor y, así, se sienten mucho mejor con ellos mismos y con sus vidas. Esto les ayuda a mantener altas expectativas sobre su futuro e incrementa la probabilidad de continuar viviendo la buena suerte”.

Lo más significativo del estudio, creo yo, es cuando Wiseman decidió comprobar si sus hallazgos y los cuatro principios relacionados podían usarse de manera práctica. Se estableció una línea base con los participantes midiendo, a través de cuestionarios, su suerte y lo satisfechos que estaban en seis áreas de sus vidas; se les explicaron los cuatro principios y los hallazgos de este estudio y se les pidió que intentaran realizar ciertos ejercicios durante un mes. El 80% de la gente estaba más satisfecha con sus vidas y se sentía con mejor suerte: los “de malas” se habían vuelto “de buenas” y los “de buenas” se sentían más suertudos.

Si este estudio hubiera sido el producto de uno de sus gurús de la felicidad y la buena suerte que se promocionan en televentas ni siquiera me hubiera tomado el trabajo de prestarle atención. Pero teniendo en cuenta que fue elaborado de forma metódica y científica por un sicólogo creo que voy a darle crédito y ver si pongo en práctica algunas de sus conclusiones. Porque si hay alguien que se considera “de malas”, ese soy yo.

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Efraín Villanueva

Escritor y Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central de Bogotá, donde además fue finalista del Concurso "Narrativas y Creación". Ha participado en el Laboratorio de Creación Literaria de la Fundación Fahrenheit (2012) y en el Taller de Escritura Creativa del Colegio Gimnasio Moderno (2012). Se desempeña también como bloguero oficial del periódico El Heraldo de Barranquilla. Ha dictado cursos de Escritura Creativa en el Centro Artístico Compaz (2012) y de Cuento en Librería Casa Tomada (2013, 2014).

One Comment
  1. Definitivamente, la mala o buena suerte no existen, ya que estas, son producto de nuestra actitud ante las diferentes circunstancias que la vida nos plantea, por lo que de acuerdo a como los seres humanos asuman su vida, así, esta será. Esto es, si mi actitud es positiva, estaré forjandome una vida llena de logros y realizaciones sin límites, que me proyectarán y catapultarán a cumplir mis metas, objetivos o propósitos mas sentidos y anhelados, y me alejarán de las situaciones que hacen que retroceda y crea que no soy capaz y que, soy el campeón de la demala, y más aún, que crea que no soy merecedor de nada bueno y que me han embrujado y cerrado los caminos del éxito, y seré presa de la superstición, que me volverá inseguro y falto de imaginación, requisito indispensable para avanzar en este mundo de los más capacitados o aptos. Por esto digo que debemos siempre en la vida presentarnos con nuestras mejores cartas, a fin de que las puertas se abran, producto de nuestro accionar, y no dejarlo a merced de la buena o presunta mala suerte. Levántate y anda y tus vida mejorará…

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