¡Qué vergüenza!

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Del 1 al 10

Con mi reciente experiencia como papá y viendo todas las bobadas que hacen los niños o que uno les pone a hacer, me puse a recordar mis propias vergüenzas como infante. Les comparto las 10 de las que más me acuerdo, algunas ocultas y otras conocidas, hasta ahora, sólo por personal autorizado:

1. ¿Se acuerdan de José Ordoñez y su personaje Benito? Pues yo a los 10 años lo imitaba a la perfección (o eso creía yo) y hasta lo usaba como técnica de conquista en el barrio. Ahora entiendo por qué me costó tanto conseguir novia a esa edad.

2. Aunque mis habilidades actuales no lo demuestren, de pequeño estuve en la escuela de fútbol de Toto Rubio (gran jugador del Junior de Barranquilla en los años 1970). Después de un partido en el estadio Romelio Martínez una tía me preguntó cuántos goles había hecho yo y contesté que dos. No estuve ni cerca de la portería contraria entonces no entiendo qué me llevó a pensar que podía salir impune de esa mentira si mi tía estaba en las graderías. Cuando ella me dijo que le iba a preguntar al técnico para confirmar, yo sólo atiné a contestar: “No, tía, no lo molestes. Además yo estoy agotado y necesito ir a descansar”.

3. Para los que no conocen una fruta que se llama corozo, hagan de cuenta que es como una uva pero como con una pepa por dentro. Desde chiquito me encantaba y cada vez que había temporada, mi mamá me compraba una buena cantidad para que me las comiera con limón y sal. Pero a los 8 años, embelesado por el sabor exquisito decidí tragarme las pepas porque “en el colegio vi que cuando la comida llega al estómago, ahí se disuelve”. Eso me pasa por ñoño y por creer en la ciencia. Resulta que los ácidos gástricos no son tan potentes como para liquidar 50 pepas. No voy a entrar en detalles y dejaré que sea la imaginación de cada uno la que se encargue de vislumbrar la agonía que pasé durante una semana intentando expulsarlas.

4. No hay nadie a los que los papás no le hubieran puesto una sábana de plástico para que no orinaran el colchón por las noches, por lo menos hasta los 3 años. Pues mis papás tuvieron que hacer exactamente lo mismo pero ¡hasta los 8 años! En mi defensa debo culpar a la flojera extrema que hasta el día de hoy me sigue caracterizando: yo me despertaba en la madrugada cuando me daban ganas pero era tanta la pereza de levantarme que cerraba los ojos, me imaginaba que iba al baño y hacía pipí y llegaba un punto en que por la confusión no sabía si había ido o sólo lo había pensado y decidía “con seguridad ya fui, tengo el recuerdo en la mente de que acabo de ir”. Pero no, no había ido.

5. Me chupaba el dedo. Bueno, la vergüenza no es esa sino que lo hice ¡hasta los 10 años! No lo hacía en el colegio, pero en cuanto llegaba a la casa me lavaba las manos e inmediatamente me ponía ver TV (Caminito Alegre, los títeres japoneses, Naturalia y las lecciones de educación a larga distancia del gobierno… eso era lo único que se veía en las tardes) chupando dedo. ¿Será por eso que a veces se me sale lo gay y cuando estoy sólo en el apartamento me pongo a cantar las canciones de Glee? (y no es que haya nada malo en ser gay).

Efra Payaso6. La gente que lee mis artículos de Del 1 al 10 pero no me conoce personalmente tal vez se pregunte, “¿este man de dónde saca tantas bobadas?”. Para responderles a ellos y a las novias de mis amigos que constantemente me preguntan “¿Usted por qué es tan estúpido?”, la respuesta está en la foto adjunta. Después de todo, ¿cómo se puede esperar que un niño al que en su primer año de vida lo disfrazan de payaso y convierten su primera fiesta en un circo crezca para convertirse en una persona seria y madura? Échenles la culpa a mis papás.

7. Como todo niño odiaba que me pusieran inyecciones y hasta aquí no hay nada de qué avergonzarse. Pero recuerdo una vez que mi mamá me iba a poner una en la casa, yo me resistía fuertemente y una tía se acercó a para ayudar a someterme. Inexplicablemente saqué fuerzas de donde no las tenía (siempre he sido un flaco enclenque) y salí corriendo, gritando y llorando por toda la cuadra intentando subirme los pantalones mientras mi tía salió detrás de mí como si persiguiera a un raponero que le acabara de robar su bolso.

8. Este punto me avergüenza porque demuestra lo estúpido que siempre he sido. Una vez una tía (la misma del otro punto) me estaba dando un paseo en bicicleta y ya me estaba aburriendo de dar la vuelta a la manzana una y otra vez y pensé que sería divertido ponerle algo de emoción así que decidí meter mi piececito en la llanta de adelante esperando que mi tía se viese obligada a efectuar algún tipo de maniobra acrobática. Pero claro, mi inocencia no comprendía correctamente las leyes de la física y lo único que logré fue que la bicicleta (con ambos encima de ella) diera un vuelco total y termináramos en el piso. Por lo menos aprendí la lección gracias a un par de chichones y raspones.

9. A pesar de ser costeño, tuve mi época en el colegio en el que detestaba el vallenato, lo calificaba de corroncho y me la pasaba escuchando Radioactiva (cuando aún tenía presencia en Barranquilla) y viendo MTV; ahora, en cambio, no veo la hora de tener platica pa’ organizar un toque privado con Villazón, Los Zuleta, Los Betos y Peter Manjarrés. Por eso es que creo que aprendí a bailar tan tarde (de hecho, sigo aprendiendo) y cuando iba a una fiesta en el colegio, después de 2 horas de sacar fuerzas internas para decidirme a sacar a una vieja a bailar, me iba 5 minutos antes al baño y practicaba frente al espejo.

10. Haber visto películas de miedo y ciencia ficción cuando pequeño me dejó con traumas que persisten a mis 29 añitos: cada vez que veo una película de zombies o alguien siquiera los menciona, tengo pesadillas horribles; ni siquiera puedo jugar videojuegos de ese estilo porque el control se me cae de las manos con la tembladera. ¿Recuerdan cómo en la Dimensión Desconocida el personaje aparecía en otra dimensión después de cerrar la puerta cuando entraba o salía de algún sitio? Pues durante muchos años (curiosamente, hasta que entré a esa edad en que empecé a notar ciertos cambios en mi cuerpo) tuve que dormir y bañarme con la puerta abierta porque quería evitar que lo mismo me pasara a mí.

Lo más vergonzoso de todo esto (sí, todavía hay más vergüenza por revelar) es que después de que vi Chucky tenía tanto miedo que mi papá me dijo: “Mira, Chucky no tiene ni idea que tú te viste la película y tampoco sabe dónde vives. Así que no tienes nada de qué preocuparte”. Una explicación bastante lógica, ¿no? Lo peor es que cada vez que veo una película de terror y no puedo dormir, pienso en eso mismo y ahí sí puedo dormir tranquilito.

 

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Efraín Villanueva

Escritor y Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central de Bogotá, donde además fue finalista del Concurso "Narrativas y Creación". Ha participado en el Laboratorio de Creación Literaria de la Fundación Fahrenheit (2012) y en el Taller de Escritura Creativa del Colegio Gimnasio Moderno (2012). Se desempeña también como bloguero oficial del periódico El Heraldo de Barranquilla. Ha dictado cursos de Escritura Creativa en el Centro Artístico Compaz (2012) y de Cuento en Librería Casa Tomada (2013, 2014).

14 Comments
  1. Efraín, me encantan tus artículos y espero en mi próximo vaje a Baranquilla, tener el gusto de conocerte personalmente. Te felicito por tu bebé. No se te ocurra disfrazarlo de payaso, ok?

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    • Hola, de nuevo, Cecilia.

      Yo vivo en Bogotá, así que complicada la cosa… jajaja. Cuando hablé de “mi reciente experiencia como papá”, me refería a que ando de papá sustituto de mis sobrinitos, no a que me haya convertido en uno de verdad jejeje; de todas maneras gracias por la felicitación ;). Si no leíste el artículo, se llama Un mes como papá.

      Muchas gracias por leernos.

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  2. Jajajajaja, nunca olvidaré la de los corozos, Nojoda!!! qué susto pasamos. Yo todavía hecho el cuento, pero fresco yo lo hecho diciendo que fue el hijo de un vecino.

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  3. Efrain Enrique no sabes cuanto disfruto leer tus escritos y los de tu tío por supuesto, me siento muy orgullosa de ti. Te mando un abrazo.

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  4. Ja ja el de los corozos fue inolvidable ese fue el mejor de todos … claro que la pintica de la fiesta del 1 año esa si es imperdonable,… ja ja … Saludos!

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    • Nojoda, lo de los corozos ha causado sensación… jajaja. La pintica de payaso son de esas vainas que yo digo: uno coge a los pelaos y los pone a hacer vainas aprovechándose de la inocencia, de la gracia, etc. Incluso pa vestirlo a uno normalmente lo joden: zapatos blancos, pantalón rojo, camisa verde… vainas así!!!

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  5. hahahahahahahahahaha, me uno a lo de los corozos, la saco del estadio con esa, mucha gueva!!!!…. ya sabia lo de que sos una bola con las vainas de suspenso o terror, me acordo de la U cuando hablabamos de silent Hill, resident evil, o juegos asi los cuales no jugabas despues de las 6 pm pues no podias dormir…….. muy tierno con el disfraz de payaso pero no noto la diferencia desde la ultima vez que te vi!

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    • Sí, lo de los corozos a mí también me da mucha risa… ahora; en ese entonces pensé que me iba a morir. Una corrección sobre los videojuegos de miedo: puede ser mediodía con sol tipo playa en verano que ni aún así soy capaz de usarlos. Las películas de terror sólo las puedo ver de día mientras el clima NO esté nublado. Sí, ¿qué puedo hacer? Soy una nena. Y sí, sigo siendo igual de payaso sólo que sin el disfraz. Jajajaja

      Gracias por el comentario.

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  6. Estuvo muy bueno ….Que risa me hiciste reir muchisismo sobre todo el cuento de chucky. Hay que hacer uno en version niña…. mis amigas y yo siempre llorabamos viendo Jose miel (la serie mas masoquista de la epoca), y lo peor es que siempre comparabamos la vida de nosotras con la de ese morraco que siempre tenia los ojos llorosos….. era de lo peor!!

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    • Pues yo no lloraba por José Miel, pero sí me angustiaba verlo todo desesperado ;) Anímate a ver si escribes tu propia versión de esas “cositas” de infancia de las niñas. Gracias por el comentario!

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  7. Que bueno Efraín, recordar estas vivencias de la infancia. Esta que es la etapa más hermosa y feliz de toda, absolutamente de toda nuestra existencia. Debe ser por nuestra inocencia, y quizás, por eso, a todo lo que pasa o tenemos en nuestro entorno, le damos una significación de tanta dimensión, que solo lo puede entender quien lo vive, nadie más. Y, de como los adultos manejen los eventos de esta etapa de los niños. dependerá, el resto de la vida de ese ser, que en la infancia necesita tanto apoyo pertinente, dado que está en plena formación y desarrollo de sus capacidades, y que si es bien orientado, tendremos al adulto equilibrado, dispuesto a ser factor decisivo en cualquier campo o ambiente donde le toque desempeñarse, prestando, gran ayuda al sosiego, la armonía y sana convivencia, que tanto le hace falta al pais, a fin de mejorar los índices de convivencia, y disminuir los niveles de violencia, y que contribuya con su actuar a la construcción y fortalecimiento del tejido social y a la toma de conciencia de la ciudadanía que permita la estructuración de una sociedad civil fuerte y asumidora del encargo social en una sociedad como la nuestra, en la cual, casi todo está por hacer, y estas generaciones, tienen mucho que hacer, por lo que se necesita una infancia y juventud sin traumas para que se desarrolle en todas sus dimensiones y den bien, todo de sí. Por esto, Efraín, gracias a tí y a tu artículo que me hizo reflexionar sobre la debida atención de nuestros niños, a fin de que su accionar en esta nuestra vida sea mucho mejor y más placentera…

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