Del 1 al 10

Aquí podrán disfrutar de los 10 más, los 10 menos o, simplemente, los 10 puntos que, según la óptica del autor y sin ningún tipo de orden específico, son los más característicos del tema que esté abordando. Sus artículos están basados enteramente en sus acertados o errados pensamientos, en sus posturas (filosóficas y sexuales), en lo que ve del comportamiento de los demás o lo que cualquiera le haya contado (o haya dicho teniéndolo cerca sin saber que sus palabras sería usadas anónimamente para alguno de sus posts). Del 1 al 10 es una columna cuyo único propósito es mamar gallo y recochar un rato y se recomienda que sea leída con esto en mente, sin tomarse nada en serio. Puede suscribirse a los artículos de esta columna en este link

Columnista: Efraín Villanueva

¡Qué vergüenza!

VN:F [1.9.7_1111]
Rating: 4.5/5 (13 votes cast)

Del 1 al 10

Con mi reciente experiencia como papá y viendo todas las bobadas que hacen los niños o que uno les pone a hacer, me puse a recordar mis propias vergüenzas como infante. Les comparto las 10 de las que más me acuerdo, algunas ocultas y otras conocidas, hasta ahora, sólo por personal autorizado:

1. ¿Se acuerdan de José Ordoñez y su personaje Benito? Pues yo a los 10 años lo imitaba a la perfección (o eso creía yo) y hasta lo usaba como técnica de conquista en el barrio. Ahora entiendo por qué me costó tanto conseguir novia a esa edad.

2. Aunque mis habilidades actuales no lo demuestren, de pequeño estuve en la escuela de fútbol de Toto Rubio (gran jugador del Junior de Barranquilla en los años 1970). Después de un partido en el estadio Romelio Martínez una tía me preguntó cuántos goles había hecho yo y contesté que dos. No estuve ni cerca de la portería contraria entonces no entiendo qué me llevó a pensar que podía salir impune de esa mentira si mi tía estaba en las graderías. Cuando ella me dijo que le iba a preguntar al técnico para confirmar, yo sólo atiné a contestar: “No, tía, no lo molestes. Además yo estoy agotado y necesito ir a descansar”.

3. Para los que no conocen una fruta que se llama corozo, hagan de cuenta que es como una uva pero como con una pepa por dentro. Desde chiquito me encantaba y cada vez que había temporada, mi mamá me compraba una buena cantidad para que me las comiera con limón y sal. Pero a los 8 años, embelesado por el sabor exquisito decidí tragarme las pepas porque “en el colegio vi que cuando la comida llega al estómago, ahí se disuelve”. Eso me pasa por ñoño y por creer en la ciencia. Resulta que los ácidos gástricos no son tan potentes como para liquidar 50 pepas. No voy a entrar en detalles y dejaré que sea la imaginación de cada uno la que se encargue de vislumbrar la agonía que pasé durante una semana intentando expulsarlas.

4. No hay nadie a los que los papás no le hubieran puesto una sábana de plástico para que no orinaran el colchón por las noches, por lo menos hasta los 3 años. Pues mis papás tuvieron que hacer exactamente lo mismo pero ¡hasta los 8 años! En mi defensa debo culpar a la flojera extrema que hasta el día de hoy me sigue caracterizando: yo me despertaba en la madrugada cuando me daban ganas pero era tanta la pereza de levantarme que cerraba los ojos, me imaginaba que iba al baño y hacía pipí y llegaba un punto en que por la confusión no sabía si había ido o sólo lo había pensado y decidía “con seguridad ya fui, tengo el recuerdo en la mente de que acabo de ir”. Pero no, no había ido.

5. Me chupaba el dedo. Bueno, la vergüenza no es esa sino que lo hice ¡hasta los 10 años! No lo hacía en el colegio, pero en cuanto llegaba a la casa me lavaba las manos e inmediatamente me ponía ver TV (Caminito Alegre, los títeres japoneses, Naturalia y las lecciones de educación a larga distancia del gobierno… eso era lo único que se veía en las tardes) chupando dedo. ¿Será por eso que a veces se me sale lo gay y cuando estoy sólo en el apartamento me pongo a cantar las canciones de Glee? (y no es que haya nada malo en ser gay).

Efra Payaso6. La gente que lee mis artículos de Del 1 al 10 pero no me conoce personalmente tal vez se pregunte, “¿este man de dónde saca tantas bobadas?”. Para responderles a ellos y a las novias de mis amigos que constantemente me preguntan “¿Usted por qué es tan estúpido?”, la respuesta está en la foto adjunta. Después de todo, ¿cómo se puede esperar que un niño al que en su primer año de vida lo disfrazan de payaso y convierten su primera fiesta en un circo crezca para convertirse en una persona seria y madura? Échenles la culpa a mis papás.

7. Como todo niño odiaba que me pusieran inyecciones y hasta aquí no hay nada de qué avergonzarse. Pero recuerdo una vez que mi mamá me iba a poner una en la casa, yo me resistía fuertemente y una tía se acercó a para ayudar a someterme. Inexplicablemente saqué fuerzas de donde no las tenía (siempre he sido un flaco enclenque) y salí corriendo, gritando y llorando por toda la cuadra intentando subirme los pantalones mientras mi tía salió detrás de mí como si persiguiera a un raponero que le acabara de robar su bolso.

8. Este punto me avergüenza porque demuestra lo estúpido que siempre he sido. Una vez una tía (la misma del otro punto) me estaba dando un paseo en bicicleta y ya me estaba aburriendo de dar la vuelta a la manzana una y otra vez y pensé que sería divertido ponerle algo de emoción así que decidí meter mi piececito en la llanta de adelante esperando que mi tía se viese obligada a efectuar algún tipo de maniobra acrobática. Pero claro, mi inocencia no comprendía correctamente las leyes de la física y lo único que logré fue que la bicicleta (con ambos encima de ella) diera un vuelco total y termináramos en el piso. Por lo menos aprendí la lección gracias a un par de chichones y raspones.

9. A pesar de ser costeño, tuve mi época en el colegio en el que detestaba el vallenato, lo calificaba de corroncho y me la pasaba escuchando Radioactiva (cuando aún tenía presencia en Barranquilla) y viendo MTV; ahora, en cambio, no veo la hora de tener platica pa’ organizar un toque privado con Villazón, Los Zuleta, Los Betos y Peter Manjarrés. Por eso es que creo que aprendí a bailar tan tarde (de hecho, sigo aprendiendo) y cuando iba a una fiesta en el colegio, después de 2 horas de sacar fuerzas internas para decidirme a sacar a una vieja a bailar, me iba 5 minutos antes al baño y practicaba frente al espejo.

10. Haber visto películas de miedo y ciencia ficción cuando pequeño me dejó con traumas que persisten a mis 29 añitos: cada vez que veo una película de zombies o alguien siquiera los menciona, tengo pesadillas horribles; ni siquiera puedo jugar videojuegos de ese estilo porque el control se me cae de las manos con la tembladera. ¿Recuerdan cómo en la Dimensión Desconocida el personaje aparecía en otra dimensión después de cerrar la puerta cuando entraba o salía de algún sitio? Pues durante muchos años (curiosamente, hasta que entré a esa edad en que empecé a notar ciertos cambios en mi cuerpo) tuve que dormir y bañarme con la puerta abierta porque quería evitar que lo mismo me pasara a mí.

Lo más vergonzoso de todo esto (sí, todavía hay más vergüenza por revelar) es que después de que vi Chucky tenía tanto miedo que mi papá me dijo: “Mira, Chucky no tiene ni idea que tú te viste la película y tampoco sabe dónde vives. Así que no tienes nada de qué preocuparte”. Una explicación bastante lógica, ¿no? Lo peor es que cada vez que veo una película de terror y no puedo dormir, pienso en eso mismo y ahí sí puedo dormir tranquilito.

 


Lo invitamos a que califique este artículo con el sistema de 5 estrellas y a que lo comparta con sus amigos a través de las redes sociales de su preferencia. Si tiene algún comentario o desea iniciar un debate sano sobre el contenido del artículo, también puede hacerlo. Si quiere conocer las diferentes opciones disponibles para participar en nuestra tertulia, le sugerimos consultar el link de Cómo participar. Muchas gracias por visitarnos.

VN:F [1.9.7_1111]
Rating: 4.5/5 (13 votes cast)
¡Qué vergüenza!, 4.5 out of 5 based on 13 ratings
avatar

Efraín Villanueva es Ingeniero de Sistemas de profesión, barranquillero mamador de gallo, amante de la lectura y escritor apasionado pero nunca publicado. Puede seguirlo en Twitter @Efra_Villanueva o suscribirse a sus artículos a través de RSS